FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE INDEPENDIENTE DE COSQUÍN / FICIC 2014 (01): TODA LA PROGRAMACIÓN COMENTADA (PRIMERA PARTE)

abril 24th, 2014
16 BAFICI - Tres D

Tres D

Por Roger Koza

Es mi primer año como director artístico del FICIC, un festival que celebra su cuarta edición. Hay un camino previo que no puedo desconocer, incluso hasta existe una película que puede ser leída como un manifiesto indirecto del festival. En efecto, Tres D, la película que se rodó durante la tercera edición, no es una película institucional, pero sí es un fiel retrato de su espíritu. En FICIC se ama al cine, se discute sobre él y existen inquietudes sobre las formas del cine. La cinefilia que aquí se legitima establece un ida y vuelta entre pantalla y mundo. El cine es una forma que (nos) piensa.

En esta cuarta edición, tenemos muy buenas películas argentinas en competencia, pero también contamos con sólidos títulos mexicanos, cubanos, belgas, palestinos, canadienses, españoles y filipinos. Somos un festival internacional, y es un imperativo ofrecerles cine de otras latitudes.

Un foco pequeño de cine soviético, una sección dedicada al reciente cine contemporáneo cordobés y una retrospectiva completa de John Torres, excepcional director filipino, consolidan una agenda estética que propone una idea de cine (para ser discutida).

Si el cine es una forma que piensa, ver otras formas de cine implica pensar de un modo diferente. La independencia puede surgir cuando las películas ayudan a cambiar nuestras preguntas sobre qué es el cine y modifican nuestra sensibilidad y modos de pensar la imagen en movimiento.

Bienvenidos a esta nueva edición del festival

***

COMPETENCIA INTERNACIONAL DE FICCIÓN

club sandwich

Club Sándwich

Atlántida, Inés Barrionuevo, Argentina, 2014

¿Otro film de adolescentes? Sí y no. Elena y Lucía son hermanas, una de ellas está enyesada, la otra, lógicamente, tiene que cuidarla. Es pleno verano, y la vida de pueblo en 1987 no es muy diferente a la de nuestro tiempo: algún hobby, el estudio, la amistad y el sexo determinan el paso de los días. Pero hay decisiones notables de puesta en escena que alteran el orden de las cosas: los adultos tienen una injerencia en la trama, pero no se ven, y esto tiene consecuencias en los comportamientos de los personajes; el deseo sexual articula los actos de los protagonistas y esto se muestra con elegancia; el relato en cierto momento se fragmenta pero el hilo conductor del film se mantiene indemne, incluso cuando la historia incorpora lateralmente una extraña situación perteneciente a un mundo laboral fuera del universo simbólico de los protagonistas. Atlántida no es solamente un film de adolescentes. (Roger Koza)

Club Sándwich, Fernando Eimbcke, México, 2013

La ternura de (y por) sus personajes define el cine de Fernando Eimbcke. El absurdo como tópico parece ser lo que secretamente articula sus comedias. Su especialidad es ostensible: la adolescencia. Paloma y Héctor son madre e hijo; aprovechando una promoción de fuera de temporada se han ido de vacaciones. Si hay un tema rutilante en Club Sándwich pasa por el fin del Edipo. La poca distancia física que se ve en un inicio entre madre e hijo implica todavía una zona de intersección afectiva en donde la sexualidad no se enuncia pero sí se pronuncia. Hay un gag extraordinario al respecto en el que el orden onírico de la madre y el ejercicio directo de la fantasía del niño se sincronizan. Club Sándwich destila una amabilidad poco frecuente en el cine mexicano contemporáneo, siempre dispuesto al escándalo y la sordidez casi metafísica. No es fácil hacer comedia, y menos aún evitar la crueldad y la burla como estimulantes de la risa. (RK)

El escarabajo de oro, Alejo Moguillansky y Fia Stina Stanlund, Argentina-Dinamarca, 2014

El escarabajo de oro gira en torno a una película que se va a filmar en Argentina (con capitales suecos) acerca del suicidio de una notable escritora feminista sueca, Victoria Benedictsson, que a fines del siglo XIX se cortó la carótida con una navaja. La película nunca se filmará, y ella como personaje será sustituida por otro suicida decimonónico: Leandro N. Alem, aunque tampoco será un filme sobre la tristeza de un político ante un país devastado. La imposibilidad de hacer una película es la película misma y, si bien parte de la subtrama involucra la búsqueda de un tesoro escondido en Misiones durante el siglo XVIII) termina siendo una alegoría rabiosa de las condiciones de producción del cine “periférico” en el siglo XXI. Financiada por el excelente festival danés CPH: DOX, la película no deja de ser una notable bofetada lúdica al colonialismo financiero que formatea la estética del cine global. (RK)

Historia del miedo, Benjamín Naishat, Argentina-Alemania, 2014

Película incómoda, filmada con convicción y ambición, sobre un tema que sobrevuela desordenadamente el discurso público e inquieta en la intimidad de una gran mayoría: la inseguridad. El tema pasa por advertir cuál es el punto de vista de Naishtat, que decide mantener en fuera de campo al sujeto social imaginado como amenaza y depositar su atención, desprovista de obsecuencia y amabilidad, a la clase pudiente amenazada. La estructura narrativa se organiza en viñetas como si fuera un film del primer Haneke (ostensible influencia). Un plano cenital en el inicio identifica el campo simbólico de batalla: las villas enfrentadas a un country. Naishtat acumulará situaciones diversas en el que la violencia estará implícita aunque no ejercida, como en un falso asalto, cortes de luz, una cena de año nuevo. El gran protagonista es el estado de ánimo al que refiere el título. El miedo se materializa, es constatable, aunque reluctante a su significación. (RK)

La última película, Raya Martin-Mark Peranson, Canadá-México-Filipinas, 2013

Se dirá que es una lectura libre de un viejo film de Dennis Hopper que lleva el mismo título pero en inglés. El escenario no es Perú y la cultura precolombina es otra. Está situada en México, y el personaje principal es un director de cine que quiere hacer la última película. Su obsesión apocalíptica coincide con el delirio planetario que despiertan pretéritas cosmologías, ahora convertidas en mercancía espiritual. El calendario maya anuncia el fin de un mundo, o de una era de transformación de la materia, según entiende un transeúnte que visita las ruinas de Chichén Itza. El pasaje en el que el director y su guía (gran trabajo de Gabino Rodríguez; su personaje es la conciencia crítica del film) caminan alrededor de las pirámides y miles de extranjeros caucásicos meditan no sólo es hilarante: expone el malestar de una cultura global y el triunfo de la superstición. (RK)

Mauro, Hernán Roselli, Argentina, 2014

El afiche de Mauro nos presenta el retrato de Rosas, que enseguida reconocemos como el del billete de 20 pesos, pero en nuestra cabeza ya se estableció la contradicción entre el común nombre propio y el trajinado rostro público. Mauro no es sólo una vuelta al mundo conocido de Mundo grúa, con sus trabajadores vencidos y su granuloso conurbano: no hay aquí atisbos de idealización desencantada ni de costumbrismo remozado. Los personajes no representan ningún tipo social ya retratado, sino una clase media baja que encuentra en los intersticios del sistema los medios para sobrevivir “dignamente”: Mauro pasa de pasador a falsificador, como esos mismos puesteros de ropa a los que estafa. Mauro nos dice que en el capitalismo la estafa es un modo de vida, e incluso en un trabajo. No se trata sólo de la modernidad de la puesta en escena (con sus curiosos planos fijos y sus precisas elipsis narrativas), sino de pensar al realismo como sofisticada falsificación. Es decir: no mostrando sus grietas sino extremando sus procedimientos. (Nicolás Prividera)

Réimon, Rodrigo Moreno, Argentina-Alemania, 2014

En Réimon, de Rodrigo Moreno, Marcela Dias compone un personaje llamado Ramona, una mujer joven que trabaja como empleada doméstica. Moreno dedica los primeros 20 minutos a observar la vida de su personaje: un asado familiar y algún momento en el que Ramona escucha música es lo único que vemos de su escaso derecho al ocio. El resto de la película es un retrato memorable de la plusvalía y el trabajo. Moreno no solamente filma el trabajo sino también los desplazamientos que determinan la cotidianidad de los trabajadores que, para ejercer su fuerza del trabajo, invierten mucho tiempo en movilizarse hacia su lugar de trabajo. Esto se ve, luego se lee. Moreno refuerza la apuesta: los patrones de la casa leen El capital; la lectura de dos pasajes conceptualizan con precisión una experiencia de clase inconmensurable. La lectura no subraya lo que vemos sino la distancia desde donde lo vemos. (RK)

Si je suis perdu, c’est pas grave, Santiago Loza, Argentina, 2014

Santiago Loza parece estar tocado por un peculiar estado de gracia. Escribe teatro, hace televisión, todos los años tiene una película. Si je suis perdu, c’est pas grave transcurre en Francia. Loza juega con un orden de representación en el que la ficción y el registro documental son indiscernibles. Un grupo de actores franceses y extranjeros de un seminario de interpretación llevan adelante un conjunto de escenas. El filme es justamente eso: la intersección entre las sesiones del seminario y algunas secuencias que remiten a situaciones de personajes que viven en Toulouse pero no son de esa ciudad. Con cada personaje y con cada escena, un sentimiento de benevolencia y amabilidad invade la película. Francia se ve singularmente distinta, y el desarraigo, una experiencia humana característica de los tres últimos siglos, se conjura plano tras plano mediante un registro sensible del mundo y los vínculos entre los hombres. (RK)

COMPETENCIA INTERNACIONAL DE DOCUMENTAL

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El asombro

El asombro, Santiago Loza, Iván Fund y Lorena Moriconi, Argentina, 2014

Como si se tratara de una continuación de los últimos 15 minutos de AB, Fund y Loza, ahora acompañados por Moriconi, radicalizan el procedimiento estético del film precedente hecho en conjunto: por un lado, hay un texto libre, entre poético y filosófico, pronunciado en off por dos hombres y una mujer; por el otro, un conjunto de planos de ecosistemas distintos, animales vivos y disecados, nubes, cataratas y lava, organizado por una especie de lógica poética, conforma la materia visual. La disyunción entre texto e imagen es programática, y en forma paralela constituyen una forma de expresión poética libre. La precariedad de la existencia es una evidencia, y la propia composición de las imágenes están en consonancia con esta constatación empírica. El discurso general oscila entre un heterodoxo cristianismo franciscano y un darwinismo sensible, y del mismo modo se conjuga una especie de conciencia del terror y el asombro frente al universo. (RK)

Carta a un padre / Edgardo Cozarinsky / Argentina, 2013

Cozarinsky decide convocar a un fantasma y con él, involuntariamente, llegan otros fantasmas. Su padre ha muerto hace mucho tiempo. Un hombre de origen judío, criado en un pueblo de inmigrantes en Entre Ríos, que se unió alguna vez a la Marina. Los barcos fueron para el padre lo que los libros y el cine fueron para su hijo: un movimiento del espíritu, una forma de mirar el mundo,. Este deseo de movimiento es una semejanza verificable entre padre e hijo. ¿Hay algo más en común entre ellos? El viaje de Cozarinsky no es solamente un viaje personal. Él como su progenitor son hijos del siglo XX, y ser judío en ese siglo significó mucho más que pertenecer a una religión. Cuando, en su viaje al pasado de su padre, Cozarinsky se topa con un evento multitudinario en el Luna Park adornado con esvásticas y gente con la mano derecha levantada, la genealogía familiar es atravesada por otra huella histórica que definió el siglo pasado, su mácula imborrable y el punto ciego de Occidente. (RK)

Costa da Morte, Lois Patiño, España 2013

En la vida cotidiana, la conducta óptica rara vez imita a la panorámica del cine. Tal vez por eso, en el cine no hay muchas panorámicas como planos centrales. El plano panorámico suele emplearse para mostrar la dimensión de una batalla, dar cuenta de una locación o utilizar un paisaje (hermoso) como plano de transición entre una escena y otra. En su primer largometraje elige una cuidad costera de Galicia para extremar su método, y toma una decisión inesperada: darle un lugar sustancial a la palabra. Lo interesante es su ingenio democrático: el discurso del film es el paisaje; a veces los hombres cuentan historias de naufragios y guerras, ensayan genealogías cómicas de los nombres de las montañas circundantes, rememoran anécdotas. Pero es Costa da Morte que habla por ellos, porque siempre los vemos como parte del paisaje. Los hombres son paisajes: sus discursos pertenecen a la geografía y nacen de ella. (RK)

Dos metros de esta tierra, Ahmad Natche, Palestina, 2012

Rodado en un espacio muy acotado de la ciudad de Ramala –las inmediaciones de un teatro en el que se va a realizar un festival de música popular- al que se agregan unos pocos interiores, la película transcurre en los momentos previos del evento, aunque lejos está de ser un documental sobre su preparación. Con muy pocos movimientos de cámara y abundancia de planos fijos, el director muestra a una serie de personajes, varios en diálogos aparentemente banales e intrascendentes, alguno recordando su vida como refugiado durante la ocupación israelí, elemento este que aparece casi permanentemente fuera de campo en una deliberada elusión. En un momento dado, un muchacho le recita a su compañera frente a la tumba de  Mahmud Drawich –el poeta palestino más importante-un fragmento de un poema en el que se hace referencia al escueto fragmento de tierra que da título a la película y que elípticamente refiere a la situación del país. (Jorge García)

Escuela de sordos / Ada Frontini / Argentina, 2013

En algún camino de Bell Ville, un viejo Citroën naranja va a una velocidad considerable. La carrocería tiembla y al volante está Alejandra Agüero, profesora de LSA, fundadora de una escuela donde se da clases a varios miembros de la comunidad de Bell Ville que son sordos o padecen algún problema de audición. De ahí en adelante, el film seguirá las proezas didácticas de Agüero. Su fuerza es admirable, su paciencia una virtud, y los motivos de su vocación un verdadero misterio. Pero Escuela de sordos no recae únicamente en su figura docente casi heroica. La interacción con algunos alumnos, una cena con un amigo sordo (y también un estudioso de la lengua en cuestión) y un pícnic en el río con ­todos los alumnos será todo lo que la película reúna en su breve duración. Parece poco, pero es mucho, pues se revela por una vía inesperada el ensamble entre el lenguaje, la identidad y el mundo. (RK)

Ramón Ayala, Marcos López, Argentina, 2013

Tras algunos planos iniciales que transmiten la majestuosidad de los paisajes de Misiones, Ramón Ayala tiene su aparición. El artista habla como si fuera un filósofo telúrico en franco éxtasis frente al espectáculo del cosmos. El film confirmará por distintas vías que él es una expresión fiel de su tierra, el gran intérprete de la naturaleza circundante y la voz poética de todos los mensú que conjura sonoramente el poder del capanga. Devenido en cineasta, el fotógrafo Marcos López se propone un retrato coral y el resultado es magnífico. Desde la esposa de Ayala, pasando por un vendedor callejero de discos compactos oriundo de Misiones, hasta varios músicos de la jerarquía de Liliana Herrera y Juan Falú, entre otros, varias voces autorizadas ayudan a contextualizar la obra de este artista esencialmente popular. La inteligencia del montaje de Andrea Kleinman saca especial provecho del material filmado que, ordenado de cierta forma, devela contrastes y similitudes insospechadas. (RK)

The Joycean Society, Dora García, Bélgica, 2013

En algún lugar en Zúrich, desde 1986, un grupo de lectores aficionados han conformado una sociedad transgeneracional y abierta que lee sistemáticamente la última obra de James Joyce, Finnegans Wake. Una reunión semanal, una lectura segmentada: si Joyce pretendía agotar el lenguaje estos “sacerdotes” lúdicos y amantes de la literatura están dispuestos a descifrar 70 significados posibles por palabra, una misión hermenéutica infinita aunque placentera y edificante. Más que académico, el sentido del emprendimiento parece ser terapéutico, y por qué no religioso, pese a que el humor y la ironía predominan en el temple de los lectores (hay un muy buen chiste sobre el Papa argentino). García transforma el lente de su cámara en un observador perspicaz capaz de seguir las instancias de lectura sin intervención alguna. Joyce podrá ser patrimonio de los intelectuales, pero The Joycean Society es un film esencialmente popular. (RK)

Roger Koza / Nicolás Prividera / Jorge García / Copyleft 2014

MICHAEL GLAWOGGER (1959-2014)

abril 23rd, 2014
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Michael Glawogger

Por Roger Koza

Tengo en mis manos El contexto de un jardín, un nuevo libro de Alexander Kluge publicado por Caja Negra, una audaz editorial argentina. Pronto escribiré sobre él. Leo un capítulo titulado La muerte es un error: Heine Müller. Debido a que el libro es una compilación de discursos, en este caso se trata de un discurso pronunciado por Kluge durante el funeral del dramaturgo que se enuncia en el título del capítulo. Kluge dice, más bien lee: “Hay una escena en una película de Jean Luc- Godard que lo dejó impresionado: un minuto entero las personas escuchándose a sí mismas respirar, escuchando que están vivas. Y honrando a las imágenes al consentir todo un minuto (y un minuto en el cine es mucho) sin imagen. Creo que Heine Müller estaría complacido si ahora le damos las gracias poniéndose de pie y permaneciendo un minuto en silencio”.

Hoy me levanté temprano. A las cinco de la mañana leía un texto para encarar posteriormente un artículo que tenía que entregar después del mediodía. Abrí una página y una amiga y colega muy querida, Alexandra Zawia, me informa de la ridícula y dolorosa muerte del cineasta austríaco Michael Glawogger. Aparentemente, mientras estaba trabajando en un nuevo film en Liberia contrajo malaria, y no pudo ser tratado a tiempo. Simplemente, murió. Tenía 55 años.

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Whore’s Glory

No conocí a Glawogger, pero pensé en él en cierto momento en el que habíamos organizado una sección en FICUNAM denominada Cámara lúcida. Workingman’s Death había sido un film que me había gustado muchísimo, y llegué a pensar en un foco dedicado a él. Había visto en aquel entonces Megacities y una película de ficción –una comedia- llamada Slumming. Desestimé la idea por desconocer otras películas suyas. Más tarde pude ver Whore’s Glory, una película incómoda pero lúcida, y que por razones que no recuerdo quedó afuera de FICUNAM.

Desconozco la razón, pero leer sobre la muerte de Glawogger me ocasionó una tristeza misteriosa. Ha muerto un cineasta interesado en filmar el malestar contemporáneo y sus derivaciones microfísicas. En nuestro mundo de distracciones permanentes, detenerse, filmar y pensar no son justamente los actos que regulan el telos del cine. La regla es otra, y la muerte de una excepción merece nuestro profundo recogimiento. En todo caso, Kluge, en esta oportunidad, tiene razón: la muerte es un error.

Sobre Workingman’s Death escribí:

Tras un soberbio montaje al mejor estilo soviético en el que se ve obreros trabajando casi fanáticamente a principios del siglo XX, detiene su demoledora marcha con una cita precisa del escritor William Faulkner: “Lo único que puedes hacer durante 8 horas es trabajar. Esa es la razón por la cual el hombre es tan miserable e infeliz como los que están a su alrededor”.

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Workingman’s Death

Bajo esa premisa, Glawogger se propone hacer cinco retratos sobre el trabajo al inicio del siglo XXI. Los lugares elegidos son estratégicos, al igual que las labores elegidas: se verá mineros en Ucrania e Indonesia, carniceros en Nigeria, obreros de demolición en Pakistán y personal de una siderurgia en China. El mito de Sísifo se hace carne una y otra vez. ¿Fue alguna vez de otro modo? El trabajo no siempre dignifica. Cuando los ucranianos y los chinos sean interrogados sobre las condiciones de trabajo, ellos podrán comparar las condiciones de trabajo de hoy con los viejos tiempos en el que otro sistema de socioeconómico regulaba la vida de sus congéneres. Queda claro que los viejos mineros de Ucrania, inspirados en Alexei Stakhanov, creían que la fuerza de su trabajo constituía un engranaje en la emancipación del movimiento nacional de trabajadores. Como reconocen los mineros de hoy, trabajan para sobrevivir. Ya no hay un metarelato que secretamente transfigure la tracción de la sangre obrera en proeza histórica de justicia. El segmento de los chinos, que se inicia con una cita de Mao, deja en claro la mentalidad mandarín. La obediencia y la resignación de los operarios de la fábrica es temible: naturalizan la economía libre, como antaño la planificada. Mientras, los nigerianos, indonesios, y pakistaníes parecen vivir desde la eternidad en una condición de supervivencia insuperable.

El mérito Glawogger es ser lúcido y lucido. No hay un solo plano en toda la película que no esté cuidado, incluso cuando las condiciones de registro son imposibles. Un plano breve sobre el omóplato de un hombre cargando 110 kilos de azufre condensa la política de la película, aunque el epílogo, el que transcurre en una fábrica alemana convertida en parque temático, sintetiza una impugnación al bienestar europeo. El trabajo mugriento se hace en otro lado.

Roger Koza / Copyleft 2014

OSOS / BEARS

abril 23rd, 2014

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

SUSHI PARA LA FAMILIA

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Osos / Bears, EE.UU., 2014

Escrita y dirigida por Alastair Fothergill y Keith Scholey

* Tiene un rasgo redimible

Los documentales de Disney sobre la vida animal desnudan toda una ideología filosófica que atraviesa el imaginario cinematográfico que se representan en films para niños y grandes

Para Disney se trata de una especialidad, acaso una tradición que responde a motivaciones que exceden al cine. Desde que Mickey bailó al compás de Stravinski, la pasión por antropormofizar la vida animal ha sido una marca registrada de la empresa. Los animales pueden hablar y ser conscientes del gesto humano por excelencia: componer relatos y sentirse parte de ellos.

La veta documentalista de Disney podría haber adoptado otra vía filosófica y explorar otra poética. El paso de la animación al registro de la vida animal se hace casi sin ningún cambio. En Osos una voz en off explica cada gesto y cada acción de las bestias. Si los osos pardos escucharan el modo como el intérprete describe sus conductas y sus presuntos sentimientos, estos animales hermosos y feroces pensarían que este miembro de la especie humana es un imbécil. La intrusión del orador es sistemática y cuando, milagrosamente, se calla, los acordes melosos de George Fenton suplican por nuestra reacción pavloviana: en esta escena hay que sentir miedo, en esta otra ternura. ¿No se les ocurrió trabajar con el sonido directo de ese ecosistema?

Narrar es el oficio del homo sapiens; aquí se cuenta la historia de una familia de osos pardos como si fuera una introducción para niños acerca del valor universal de la institución familiar. ¿Una lección de formación cívica? Dos osos pardos cachorros, Ambar y Scout, salen de su refugio invernal junto con Sky, su madre. Lo que veremos es el aprendizaje de los cachorros, la lucha por la supervivencia y la búsqueda de alimentos. La vida en la Península de Alaska no es fácil.

El manjar de los osos es el salmón y, como muestra el filme, no es fácil dar con ellos. Osos crece sustancialmente cuando la familia y otros osos cercanos empiezan a atrapar salmones, primero en el mar, después en el río, cuando los peces toman impulso y se disponen a nadar frenéticamente contra la corriente. Ver saltar a los salmones y la habilidad de los osos para cazarlos justifica la película. Los planos desacelerados son magníficos y se lucen más porque el narrador se calla un rato, aunque esta deidad narrativa no se privará de convertir el salmón crudo en sushi.

El deseo de antropomorfizar alcanza su apoteosis cuando se invoca un “santuario oculto” de los osos y se describe a un cuervo como si fuera un guardia-guía de los osos. Pero la vida animal se impone al humanismo berreta de los directores, pues es lo suficientemente inhumana para no ser doblegada enteramente por el capricho narrativo de los hombres. Una pelea de osos, aun cuando se la filme como si fueran luchadores de sumo, desconoce la coreografía, y reluce la distancia inconmensurable entre el mundo silencioso de los animales y la experiencia humana.

*Esta crítica fue publicada en el diario La voz del interior durante el mes de abril 2014

Roger Koza / Copyleft 2014

EL BAFICI DESPUÉS DEL BAFICI 2014 (04): MÁS CANTIDAD QUE CALIDAD (SEGUNDA PARTE)

abril 22nd, 2014
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Haciendo las paces

Por Jorge García

Posiblemente la retrospectiva del BAFICI que, a priori, ofrecía mayor interés era la dedicada a la realizadora portuguesa Rita Azevedo Gomes, desconocida en nuestro país, muy valorada por algunos críticos y directores, y emergente de una generación que ha colocado –por su elevada relación cantidad/calidad- al cine portugués en un lugar importante de la cinematografía mundial. Sin embargo, la visión de algunas de sus películas (me) resultó una parcial decepción. Felicitaciones Manoel de Oliveira: Intromisiones, rodada con motivo de los 90 años del maestro, es apenas un film de montaje que muestra diversas escenas de sus películas sin un eje conductor perceptible; Altar es una tediosa y discursiva incursión en los vericuetos de la memoria de claro origen literario. Mucho más interesante es La colección invisible, un mediometraje que reflexiona, a través de la relación de un marchant con un coleccionista, acerca del carácter elusivo del arte. Frágil como el mundo provocó para mi gusto euforias desmedidas en algunos respetados críticos amigos. Historia de un amor juvenil que busca aislarse del mundo para ser vivido en plenitud, posee un tono onírico por momentos logrado pero su cuidado caligrafismo resulta tan prolijo como carente de pasión. La última película de Azevedo Gomes es La venganza de una mujer en la que la directora ofrece un frío y cerebral ejercicio de estilo, marcadamente teatral, riguroso en su puesta en escena y en su tratamiento del color pero al que también le falta la dosis de emoción necesaria para resultar atrapante.

De las obras de ficción internacionales restantes, El hombre de las multitudes, del brasileño Cao Guimarães, un realizador cuya obra oscila entre lo ficcional, lo documental y el experimentalismo, aparece como una muestra de “antonionismo” tardío, en el que la utilización de una pantalla casi vertical se convierte, más que en una elección estética, en un elemento de distracción.

El directo Jon Jost, autor de una prolífica obra, es una muy rara avis dentro del cine norteamericano por su carácter absolutamente independiente de los circuitos comerciales habituales, En Haciendo las paces, la que parece ser su última obra (anunció su retiro del cine) como casi siempre Jost se encarga, además de la dirección, del guion, la edición, la producción y la iluminación en un relato que es una suerte de melodrama triste y distanciado centrado en las últimas horas de un padre (notable interpretación del realizador James Benning) que reúne a su familia para compartirlas. Más allá de algunos planos que parecen ser un homenaje al cine de Benning y el algo forzado encuadre de algunos planos, el film está rodado absolutamente a contrapelo de los clisés y convenciones habituales.

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Los últimos amantes vivos

También había escuchado profusos elogios a Los últimos amantes vivos, el último trabajo de Jim Jarmusch. Historia de amor entre vampiros con zombies de por medio, abundante en tomas cenitales, fundidos circulares, ralentis y otros efectismos, con los personajes enfrascados en discusiones que van desde diversas variantes de la música hasta la física cuántica. Aunque esto pueda sonar a una boutade, cualquier película del género de algún director de la Hammer –no digamos ya del gran Terence Fisher- (me) resulta mucho más atractiva que este soporífero film.

Pasemos finalmente a algunas cosas vistas del abundante paquete argentino. Juana a los 12, ópera prima de Martín Shanly, toma a una niña en su preadolescencia, que asiste a un colegio privado inglés y muestra claros signos de inadaptación. Lo más atractivo del film es que –a diferencia de otros exponentes de este subgénero- no busca en ningún momento la empatía con la protagonista, algo que provoca que la película tenga por momento una atmósfera notoriamente enrarecida.

Atlántida, primer largometraje de Inés maría Barrionuevo, integrante de la movida cordobesa, es otra de adolescentes, centrada en la dificultosa relación de dos hermanas. Varios de los tópicos habituales (despertar sexual, búsqueda de la identidad) tratados con inusual frescura y la carismática presencia de Florencia Decall le otorgan al film cierta dosis de encanto.

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El rostro

Once años después de la recordable Yo no sé que me han hecho tus ojos, Sergio Wolf, retorna al cine con El color que cayó del cielo, título “lovecraftiano” si lo hay. Como en aquel film, cuyo objeto de investigación era la cantante Ada Falcón, sobre la que emprendía una búsqueda casi detectivesca, aquí Wolf persigue a diversos cazadores meteoritos. Más allá de que, para quien esto escribe, el objetivo sea de menor interés, el director muestra en el seguimiento de esos personajes la misma obsesión que ellos en sus búsquedas.

Así como las obras de ficción de Edgardo Cozarinsky son generalmente muy discutibles, sus documentales siempre ofrecen un alto nivel de calidad y Carta a un padre no es la excepción. Ejercicio íntimo y autobiográfico plagado de melancolía, es un recorrido por la memoria familiar y la pérdida (su padre murió cuando Cozarinsky tenía 20 años). Con un tono austero que no hace concesiones al sentimentalismo, el director traza un lúcido retrato, no solo de su familia sino también de varios momentos de nuestra historia.

Finalmente, El rostro, último trabajo de Gustavo Fontán, continúa con una saga personalísima que no tiene paralelos a la vista dentro del cine argentino. En este caso, recurriendo a diversos soportes (Super 8, 16 mm y video) se adentra en las vivencias de un hombre que desarrolla su vida en las orillas del río Paraná, a partir de su relación con otras personas y con la Naturaleza. El film no tiene diálogos, pero el trabajo con el sonido es uno de los más extraordinarios que se hayan realizado en la historia del cine nacional.

Jorge García / Copyleft 2014

CINECLUBES DE CÓRDOBA (27): LOS SUPERHÉROES DE LA CINEFILIA

abril 21st, 2014
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AB

Por Roger Koza

Iván Fund es una cineasta muy joven, pero ya tiene seis largometrajes y varios cortos. Ya pasó por Cannes y se llevó un premio: Fund es uno de los directores de Los labios.

El Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) ha retomado una iniciativa que arrancó en Buenos Aires unos meses atrás, cuando el prestigioso Kino Palais organizó la primera retrospectiva completa de Fund. Nacido en Crespo, provincia de Entre Ríos, Fund es sin duda el cineasta más conocido de su pueblo. Pero no es el único. Eduardo Crespo y Maximiliano Schonfeld también son de esa ciudad. ¿Es hora de empezar a hablar del Nuevo Cine de Crespo? Es otro fenómeno extraordinario, como el Nuevo Cine Cordobés.

En la retrospectiva se podrá ver La risa, Hoy no tuve miedo, Me perdí hace una semana, Los labios, un par de cortos y la notable AB, codirigida con el director danés Andres Koefoed. (El asombro, en codirección con Santiago Loza y Lorena Moriconi, no se verá en esta ocasión y tendrá su estreno mundial en un festival internacional que se celebrará en nuestro país en mayo).

El cine de Fund parece abocado a destacar el carácter extraordinario de los eventos ordinarios de la vida cotidiana. Todas sus películas toman como central lo que en las ficciones cinematográficas queda elidido o en la periferia. Sus actores son hombres y mujeres comunes, y en general sus películas transcurren en Crespo.

AB, en ese sentido, es un ejemplo amable y lacónico de todo su cine. La película se circunscribe a la relación de dos amigas, ambas en un período clave de sus vidas. Las dos tienen que tomar una decisión vocacional. Estudiar o quedarse en el pueblo, en un caso; entrar o no a un seminario religioso, en el otro. Nada en particular sucede, a excepción de una misión que las dos amigas llevan adelante como si se tratara de una misión evangélica: encontrar un hogar para varios cachorros recién nacidos. En las películas de Fund la figura del perro es esencial, un signo de amor y también de desamparo infinitos. En el caso de AB el discurso amoroso viene acompañado por unos 15 minutos finales en los que un texto conmovedor escrito por Loza trastoca el filme convirtiéndolo en una suerte de epifanía materialista de un mundo espiritual que existe entre nosotros. (Del jueves 24 al domingo 27)

La felicidad cinéfila

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Why Don’t You Play in Hell?

Vuelve Cinéfilo Bar (Bv. San Juan 1020), y han elegido el mejor título del 2013 para regresar a la actividad: Why Don’t You Play in Hell? Si usted se considera amante del cine, la obra maestra de Sion Sono es su película: delirio, creatividad, cinefilia, nostalgia, rebeldía determinan esta película irreverente en la que un grupo de jóvenes nipones dedica obstinadamente la totalidad de sus vidas al cine. Los famosos “Fuck Bombers” quieren filmar, pero las condiciones económicas no ayudan. Pasan los años, crecen y la vocación de este colectivo juvenil se pone a prueba. Desesperados, le implorarán al dios del cine, y éste, como la mayoría de las deidades, le responderá por vías misteriosas. Finalmente podrán filmar, pero será una película sobre yakuzas, financiada por una banda de mafiosos, que gira en torno al enfrentamiento real entre esa banda y otra. Extraordinaria película la de Sono, capaz de señalar el sentido de la transición del cine analógico al digital, como también las relaciones entre la ficción y lo real. Clase magistral de puesta en abismo en el cine, película que contagia las ganas de vivir toda nuestra vida atravesada por el cine. (Viernes 25, a las 20.30hs)

Reposiciones obligatorias

Escuela de sordos: el Espacio INCAA de la Ciudad de las Artes vuelve a exhibir la sólida y sorprendente ópera prima de Ada Frontini. Gran película sobre la experiencia del lenguaje y su relación con la identidad y nuestra forma de estar en el mundo, en este caso a propósito del seguimiento de una tenaz maestra dedicada a enseñar el Leguaje de Señas Argentinas. (De lunes a miércoles en distintos horarios)

La gran belleza: vuelve a la cartelera la reciente ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera. El examen personal que un escritor hace de sí mismo a sus 63 años le permite a Paolo Sorrentino ofrecer un retrato sobre Roma como ciudad y como espacio cultural. El director italiano postula discretamente la belleza como un posible consuelo frente a una cultura sumida en la decadencia. (Cine Teatro Córdoba, 27 de Abril 275, del jueves 24 al domingo 27)

Roger Koza / Copyleft 2013

EL BAFICI DESPUÉS DEL BAFICI 2014 (03): BAFICI 2014: MÁS CANTIDAD QUE CALIDAD (PRIMERA PARTE)

abril 20th, 2014
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Tierra de nadie

Por Jorge García

Con características parecidas a las de los últimos años se desarrolló la 16 edición del BAFICI, teniendo como centro por segundo año consecutivo el Village Recoleta. Al hablar de similitudes con ediciones anteriores, me refiero a la superabundancia de películas –muchas de las cuales parecerían cumplir una mera función de relleno-, a la gran cantidad de actividades paralelas, no siempre interesantes, y a la respuesta masiva del público, el mismo que, cuando ocasionalmente se estrena alguno de los títulos exhibidos, no va ni por casualidad a verlo. En cuanto al tema de la cantidad de películas, hay muchas opiniones que están de acuerdo con ello, pero tal vez sería preferible una reducción de los títulos presentados y un mayor rigor en la selección de los mismos. También –y en esto no me quiero meter demasiado, porque puede que tenga que ver con las vicisitudes económicas- dio la impresión de que faltaron títulos importantes exhibidos en otros festivales y que hubo algunos baches importantes (vg, el cine asiático). Tampoco dio la sensación de que las películas de Bron, Fetz o Uri Zohar, a quienes se les dedicaron sendos focos, fueran tesoros ocultos a descubrir. Como saludable contrapartida, hay que señalar, que la selección de películas argentinas (una porción importante del festival) estuvo por encima de las de años anteriores. Pasemos entonces a reseñar muy brevemente varios de los títulos vistos.

Empecemos entonces con algunos documentales. Burroughs: la película, de Howard Brookner, utiliza filmaciones realizadas entre 1978 y 1983 (la película es de ese año) para ofrecer un retrato auténtico y descarnado sobre el iconoclasta escritor. El film desde lo formal no ofrece mayores novedades, aunque la presencia de algunas celebridades, como Allen Ginsberg y también la del amante del escritor, le otorgan interés. El ritmo por momentos decae, pero el material de archivo es extraordinario.

Opera prima del brasileño Davi Pretto, Castanha, ofrece un retrato atractivo de un actor gay que vive con su madre y practica el travestismo. Para los que hayan visto En un año de trece lunas (R.W.Fassbinder) y/o Morir como un hombre (J.P. Rodrigues) el film tendrá gusto a poco, para los que no será una experiencia interesante.

Los colonos del caudillo, del alemán Dietmar Post y la española Lucía Palacios comienza filmando a los habitantes de Llanos del Caudillo, un asentamiento rural, como otros, promovido por el franquismo, con la intención de crear un nuevo hombre de ideas fascistas. Lo más interesante es la descripción de los resabios falangistas en España (no solo en los pobladores), aunque el film está lastrado por su defensa casi incondicional de las políticas de Felipe González, tan responsable como los demás gobernantes de que no se investigaran los crímenes del franquismo.

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Iraní

Iraní, de Mehran Tamadon expone el viaje del director, que vive en Francia a Teherán, para discutir con varios simpatizantes del régimen sobre distintos temas polémicos. La poco novedosa conclusión a la que se llega es que en Irán hay censura, aunque lo curioso en el film es que uno de los representantes del oficialismo posee mucho más carisma que el protagonista y sus argumentos aparecen como más sólidos y convincentes.

A partir de un dato objetivo – la existencia en estados Unidos de 90.000 niños desaparecidos- ¿Quien se llevó a Johnny?, de David Beilinson, Suki Hawley y Michael Galinsky es un documental centrado en un matrimonio al que una tarde a sus hijos se los tragó la tierra sin que los volvieran a ver y en la figura de la madre de Johnny Gosch, un adolescente que repartía leche y que fuera secuestrado en 1982, quien desde entonces ha desarrollado una incansable búsqueda de su hijo. El film, en el que hay algunos segmentos muy logrados, es una suerte de thriller documental en la que se entremezclan la pedofilia, la trata de personas y hasta una presunta enigmática aparición y nueva desaparición del muchacho varios años después.

Pero el mejor documental visto en el BAFICI fue Tierra de nadie, de la portuguesa Salomé Lamas, un crudo y ascético film en el que un hombre con la apariencia de un tranquilo abuelo jubilado, sentado en una silla con un telón negro de fondo como único decorado, narra con tono desapasionado y distendido los distintos “trabajos” que realizó en su vida, a saber: integrante de las fuerza de élite militares militares portugueses en varias guerras coloniales, mercenario de la CIA en El Salvador, asesino a sueldo de los grupos parapoliciales que enfrentaron a ETA en España y algunos otras lindezas. Una película, con un tratamiento formal absolutamente diferente, que podría exhibirse junto a The Act of Killing y que demuestra, por si existiera alguna duda, que los asesinos están entre nosotros.

Se vieron también varios documentales musicales, como Michel Petrucciani, de Michael Radford, un director con varios trabajos dentro del cine de ficción industrial. Petrucciani fue un personaje asombroso. Con una enfermedad de nacimiento, la osteogénesis imperfecta, medía solo un metro con 2 centímetros y fue una de los más notables pianista de jazz de las últimas décadas. Dueño de una asombrosa vitalidad, tocaba el piano 10 horas por día y realizó en su vida una enorme cantidad de conciertos. Además, se casó tres veces (¡!) y con premeditada crueldad, a pesar de las advertencias, tuvo un hijo más alto que él, de 1 metro 22 cm. El film consigue trasmitir con precisión la increíble energía del pianista, muerto a los 36 años por una neumonía pescada en una noche de invierno.

La del Chango, de Milton Rodríguez,es un afectuoso testimonio en el que músicos, parientes y amigos del Chango Farías Gómez, uno de los más grandes renovadores de la música folclórica argentina, hablan sobre la importancia de su obra. Al músico casi no se lo ve y solo se lo escucha en audio en dosis homeopáticas y el film termina siendo una sucesión de cabezas parlantes que hablan con justificada admiración del músico.

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20.000 días en la Tierra

A partir de los ditirambos escuchados fui a ver con expectativas 20.000 días en la Tierra, un documental sobre el músico Nick Cave realizado por los artistas audiovisuales Iain Forsyth y Jane Pollard. La película es un pastiche autocelebratorio y narcisista, en el que el músico, con el look de un yuppie, se la pasa desgranando frases para la posteridad. Los que lo fueron a escuchar en sus conciertos se habrán quedado con las ganas y los que esperábamos ver un buen documental también.

Los auténticos gitanos fueron desalojados del barrio de Triana de Sevilla en los años 50 y en 1982 decidieron reunirse y festejar ese reencuentro en el Teatro Lope de Vega, de esa ciudad. El director Ricardo Pachón encontró unas viejas cintas que testimoniaban ese acontecimiento, en el que “cantaores” y “bailaores” anónimos, junto con algunos músicos jóvenes, desarrollaron una fiesta de la más pura tradición flamenca. De eso se trata Triana pura y pura, que está mechada con los comentarios actuales de algunos de los entonces jóvenes que participaron del evento, pero lo auténticamente recordable del film son esos valiosos archivos.

Si hay una figura señera del tango que merecía un film esta es la de Aníbal Troilo y el año del centenario de su nacimiento ha sido la oportunidad con esta película de Martín Turnes. Utilizando muy poco material de archivo, el film se centra en las influencias que ejerció el bandoneonista sobre numerosos músicos y su importancia dentro de la música popular argentina. Es que Troilo, a pesar de no haber sido nunca un vanguardista, tuvo a Astor Piazzolla como uno de sus principales arregladores en los años 40 y fue el primero en estrenar varias de sus obras. Un film hecho con sentimiento e inteligencia, que además ofrece algunos momentos musicales inolvidables, como el Sur que interpreta Raúl Garello en solo de bandoneón.

Jorge García / Copyleft 2014

EL DESCONOCIDO DEL LAGO / L’ INCONNU DU LAC

abril 19th, 2014

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

EL DESEO DE LOS HOMBRES

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El desconocido del lago/ L’Inconnu du lac, Francia, 2013

Escrita y dirigida por Alain Guiraudie

**** Obra maestra

Una película única, alejada del cine francés contemporáneo, propia de un director cuyo mundo y visión personal del cine alcanza aquí su mayor depuración y perfección. 

Si en vez de transcurrir en una playa nudista para homosexuales El desconocido del lago se circunscribiera a un diálogo durante un banquete, la relación entre este filme magistral y el famoso diálogo de Platón sería evidente; más de uno hasta podría pensar en una adaptación con algún que otro giro policial. Esta obra maestra de Alain Guiraudie explora a fondo el deseo de los hombres, y el deseo tiene aquí –como en el clásico filosófico– un alcance que excede a su connotación sexual. La amistad es otra forma de deseo.

La panorámica en picado que abre el filme funciona como un signo que demarca el paso de los días. Lo que se ve es un estacionamiento y ese escenario tiene importancia simbólica: los automóviles serán el único signo social visible de las diferencias entre los visitantes. Como todos los hombres están desnudos y prácticamente no hablan de sus trabajos o de sus historias de vida, el orden social permanece en fuera de campo, excepto por los autos.

En la playa, los hombres toman sol, descansan y nadan. El bosque es una zona libre para tener sexo. Guiraudie no se priva de mostrar nada, pues entiende que la representación del placer sexual debe desmarcarse de lo pornográfico y ser redescubierta por el gran cine. Pero los moralistas deben abstenerse. Hay felatios y eyaculaciones en primer plano, aunque las escenas eróticas no están desprovistas de cariño. La sordidez brilla por su ausencia. Guiraudie es un cineasta luminoso.

En ese contexto, hay dos líneas narrativas. Por un lado, Franck se enamorará de Michel, incluso sabiendo que no es alguien en quien pueda confiar. Por el otro, construirá una amistad con Henri, un hombre heterosexual que suele acercarse a la misma playa por la quietud de ese espacio natural, aunque siempre elige sentarse a varios metros del epicentro de seducción. El paisaje es hermoso y Guiraudie le confiere una cualidad dramática. Véase la sensualidad del viento, fenómeno atmosférico que tiene aquí una función estética.

En el último acto de El desconocido del lago el relato deviene en policial. Un crimen lleva a una investigación. Es notable cómo el inspector solamente está preocupado por encontrar al asesino; nunca juzga a los sospechosos por sus prácticas amatorias. La homosexualidad no es ni un crimen ni una aberración sino una forma universal de amar tan legítima como cualquier otra.

Notable película sobre el deseo, esa fuerza no del todo comprensible que empuja a los seres humanos a moverse hacia otros. Notable retrato de la amistad entre hombres, una forma de empatía sin tiempo por la que dos desconocidos pueden hermanarse para siempre.

*Esta crítica fue publicada en el diario La voz del interior durante el mes de abril 2014

Aquí se puede ver una entrevista al director que le hiciera durante FICUNAM 2014.

Aquí se puede leer una crítica a la misma película que escribí durante el festival de Cannes 2013.

Aquí se puede leer mi mirada sobre la obra completa de Guiraudie.

Roger Koza / Copyleft 2014

EL BAFICI DESPUÉS DEL BAFICI (02): TODO JUNTOS: DE CARAVANA CON EL NUEVO CINE CORDOBÉS

abril 17th, 2014
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Tres D

Por Nicolás Prividera

En sus “Nueve lecciones sobre marxismo” (impartidas en México en los setenta y recién ahora editadas, a veinte años de su muerte) el cordobés José Aricó hace un repaso de ese movimiento como si se tratara de una novela familiar: Marx es el padre que se rebela contra el abuelo Hegel, y al que sus propios hijos –de Lenin a Gramsci– enmendarán, desde el malentendido o la amorosa traición. Lo atrapante de la Historia es que es una saga en la que cada generación hace una lectura (anodina o sangrienta) de su herencia. De hecho Aricó está hablando también de los tremendos errores de las organizaciones revolucionarias argentinas, y lo hace sin necesidad de mencionarlas: son el contexto que literalmente lo sitúa en ese exilio y esa revisión. Tampoco necesita mencionar Aricó que además de argentino es cordobés: en su lectura parricida es patente la lejanía de todo centralismo. Y esa es la gran lección implícita en estas lecciones: se puede pensar la complejidad de lo político sin caer en dogmatismos, del mismo modo en que se puede pintar tu aldea sin ser provinciano.

He ahí una lección que el cine argentino en general no termina de aprender, aunque su mejor cineasta lo demuestre como nadie (incluso dentro del vasto universo del cine contemporáneo): el cine de Martel es profundamente político sin ser militante, y tenazmente arraigado a su mundo sin ser pueril, ni mucho menos cerrado o hermético. Se trata de un cine que no necesita entregarse al dominante “estilo internacional” (impuesto por fondos y festivales) ni mostrarle al resto del mundo (incluidos los porteños) de lo que es capaz. Lucrecia es salteña antes que argentina, y argentina antes que globalizada, pero ante todo es una gran cineasta. Es decir, alguien que nos enseña “el sentimiento de pertenecer a la humanidad debido a la presencia de un país suplementario llamado cine”, como decía Daney. Si todos los cineastas argentinos compartieran ese sentimiento, más allá de su mayor o menor talento, sin duda tendríamos un país mejor (y no solo el del cine).

Se dirá que, aunque su trilogía salteña transcurra en su provincia natal, Lucrecia tuvo que venirse a Buenos Aires, así como también lo hizo Santiago Loza, Celina Murga y otros cineastas del interior que no encontraron allí un espacio para formarse o desarrollarse. Pero no todas las provincias están en la misma situación: Santa Fe y Córdoba cuentan con una larga tradición cinéfila. Y si una fue una de las puntas de lanza de la renovación del cine argentino a inicios de los años sesenta, la otra parece ser una de sus esperanzas medio siglo después. El reciente libro cordobés Diorama se dedica a repasar esa experiencia, que hace un lustro empieza a hacerse generacionalmente visible (con la competencia de la opera prima de Rosendo Ruiz, De caravana, en el festival de Mar del Plata), pero que viene de por lo menos veinte años atrás, contemporáneamente al surgimiento del nuevo cine argentino, de la mano de cineastas como Liliana Paolinelli y sobre todo de una notable red de cineclubes y espacios de formación y discusión, en los que creció la generación que ahora brilla como tal.

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El último verano (en rodaje)

Esa es la gran diferencia con aquel NCA surgido en los noventas, en el que –como sostiene Santiago Loza en su artículo para Diorama– “nadie se sentía parte ni hermanado”, salvo por un conjunto de críticos y festivales que trataban de hacerles entender las ventajas (simbólicas, más que políticas) de considerarse un colectivo. Pero el mismo Loza menciona al NCA como un “movimiento del que siempre traté de desligarme”, todo lo contrario de lo que sucede hoy con el joven cine cordobés. No porque hayan aprendido la lección mejor que sus hermanos mayores y se unan por simple conveniencia: para ellos no se trata de una comunidad imaginaria, sino bien tangible. Han crecido juntos, y eso se ve en la hechura misma de sus películas: no se trata solo de que sean un grupo de personas que reaparece de film en film constituyendo una suerte de ghetto (como suele suceder con las películas de la elite FUC), sino de una comuna cinéfila que intercambia roles y experiencias (véase por ejemplo el “diálogo” entre El último verano y Tres D, por ejemplo). Asistir al rodaje (y participar de) la segunda película de Rosendo Ruiz me permitió ver de cerca ese movimiento de ida y vuelta: no es solo que ese conocimiento grupal permita experiencias como esa, en la que fue posible filmar una película en pocos días gracias a ese funcionamiento aceitado, sino que habla de una misma concepción del cine como trabajo colectivo. Lo que permite también no solo un ida y vuelta entre teoría y práctica, como en la compartida revista Cinéfilo (surgida del cineclub del mismo nombre), sino entre críticos y realizadores: por un lado, porque los cineastas escriben o los críticos filman, hasta la indiferenciación, pero sobre todo porque los egos dejan lugar a la discusión pública de ideas. Así, entonces, la revista (o el libro) pueden incluir una crítica no muy favorable de un film y página seguida una entrevista del realizador con sus críticos, tal como sucedió con Mariano Luque y Salsipuedes.

Permítanme abrir un paréntesis y hablar en particular sobre Luque, no por recaer en el personalismo –aunque no puedo dejar de decir que me parece una de las grandes promesas, no ya del “nuevo cine cordobés” sino del cine argentino– antes bien porque su historia es casi una metáfora de la lucha entre lo viejo y lo nuevo: conocí a Luque fatigaba works in progress con su notable teaser, hasta que luego de perder a manos de gente como uno –aunque debo decir en mi defensa que solo gané una mención y no me fue mucho mejor– el ganador de uno de ellos le dio a Luque el consejo de mandar su trabajo a Cannes, donde finalmente fue seleccionado… Lo más notable del caso fue que acto seguido el Departamento de Cine y TV de la Universidad Nacional de Córdoba estuvo a punto de expulsar a su (salvo para ellos, evidentemente) brillante alumno porque el film era su tesis y no había sido autorizado por dicha casa de estudios (que también desaprovechó la ocasión para envanecerse con que era la primera vez que una universidad pública y estatal de Argentina era seleccionada en la Cinéfondation). Luque no se amilanó y entregó otra tesis –Sociales– donde no solo ironizaba sobre el tema, sino que demostraba haber aprendido la doble lección: despegarse tanto de los provincianos dinosaurios como del canto de las sirenas internacionalistas. Su vuelta al cortometraje fue también una forma de repensar sus siguientes movimientos sin someterse a las presiones externas… Esperemos entonces que logre sobreponerse al sayo que quieren ponerle –incluido este cronista– ahora que está viviendo en Buenos Aires, según me enteré al encontrármelo en uno de mis barrios, Caballito, a la salida de una función del Bafici: verlo allí me provocó cierta prevención, tal vez la misma que sentí al ver a los cordobeses pasar de fuck bombers a marca ya canonizada con sus cinco o seis películas en el festival: pero supongo que al volverse con las manos vacías de premios también habrán aprendido que es mejor no confiar en nadie más que en su propia prepotencia de trabajo. Si así lo hacen serán más que un nuevo cine cordobés, para ser directamente la avanzada del ya no tan nuevo cine argentino.

Nicolás Prividera / Copyleft 2014

EL BAFICI DESPUÉS DEL BAFICI 2014 (01): LA LOCURA DE LOS SOLITARIOS

abril 16th, 2014

Momento Bazin de Despertando a la vida

Por Roger Koza

En una vieja entrevista, Jean-Pierre Rehm, crítico y programador (y actual director artístico de FidMarseille), decía que “los festivales de cine permiten que los cineastas y las películas estén menos solos”.  Una declaración enigmática que él se encargaba de explicar. Dicho de otro modo: ¿donde se podrían ver películas como Two Meters of This Land, The Joycean Society, incluso el mejor film de este BAFICI, Dialogue d’ ombres si no fuera en un festival? Sin audiencia, estas películas como tantas otras estarían destinadas a la invisibilidad. Lo mismo pasaría con los cineastas: estarían condenados al ostracismo.

Hay otra soledad que Rehm no enunció y que con seguridad conoce muy bien. La soledad de los críticos y de los programadores. Se trata de una experiencia íntima que todo crítico y programador debe incluso buscar y desear. Si él o ella no se entrega en cierto momento a esta experiencia no podrá cumplir una misión específica de su trabajo: conjurar la soledad de las películas y de quienes ponen sus vidas en hacerlas.

¿Por qué debe un crítico y un programador entregarse a este confinamiento voluntario? En principio, para desoír por un rato el murmullo seductor del consenso repiqueteando en su cerebro. Cada vez más los festivales apuestan acríticamente por lo que se ha probado como radical y diferente. Los críticos, por otra parte, parecen dóciles secretarios que confirman las maravillas que provienen de Venecia, Cannes, Berlín.

Pero lo más difícil pasa por otro lado. Entregarse a esa experiencia extrema de soledad conlleva a confrontar el impreciso lugar desde donde surgen los juicios y se construye una mirada. Es el momento en el que se debe entender qué se quiere decir cuando alguien hablando de un film dice de él: “está bien”. La ausencia de un coro de expertos coloca al crítico y al programador frente a frente con una película. ¿Qué pasa entonces? Hay que pensar una película, y con ella pensar el cine, y si es necesario pensar contra uno mismo a favor de pensar algo nuevo, si es que uno se encuentra ante una rareza estimulante, una película desconcertante para nuestro sistema de juicios.

No nos hemos dado cuenta. Nuestros criterios para escribir y seleccionar películas están en crisis. Títulos aberrantes se transforman en genialidades; títulos secretos e imprescindibles quedan afuera de nuestra perspectiva y grilla de programación.

Recuerdo ahora una hermosa frase de un danés que no se abandonó al rebaño, ni jugó para el bando de los poderosos: “El instante de la decisión es una locura”.

Este texto fue publicado por Sin aliento en el mes de abril 2014

Roger Koza / Copyleft 2014

LAS ENTREVISTAS DEL BAFICI (06): LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN: GUSTAVO FONTÁN, LOIS PATIÑO

abril 15th, 2014