Archive for julio, 2013

SHORT REVIEWS (04): NICHNASTI PA’ AM LAGAM / ONCE I ENTERED A GARDEN / UNA VEZ ENTRÉ A UN JARDÍN

Miércoles, julio 10th, 2013

retour-a-beyrouthNichinasti Pa’ Am Lagam / Once I Entered a Garden. Avi Mograbi, Israel, 2012

Por Roger Koza

In a glorious passage, Ali El Azhari, a Palestine professor of Arab, tells Philippe, Avi Mograbi’s —the renowned Israeli Jewish director— cameraman: “Imagine there were no conflict, could you live without it? After 63 years, music, poetry, prayers, laughter, tears, salads, Ramadan and Yom Kippur… everything has to do with the conflict.” The micro-political proof that it should be possible to live without this conflict is, precisely, the film itself and the long friendship relation between Ali and Avi, the two main characters of it: the smoothness of their conversations, the love they have for each other and the many points in common in their lives show another history could be possible. Avi’s father was Jewish but his whole culture is Arabic, even his language. On the other hand Ali’s strong card is to be married to a Jewish woman and having a daughter with her. The appearance of Yasmin, the daughter, brings a sense of freshness and lucidity; she is perhaps the differed utopian embodiment of a state with two nations: this daughter of a Palestine and a Jew speaks Hebrew and Arabic and is conscious of what this means: “Most kids my age are racists.” This paradigmatic and reflexive documentary film is made up mainly of a conversation between two friends (at a private house, in a car, at a beach, and in a “forbidden” area in Galilee) who happen to take part in a perennial and agonizing antagonism. The dialogues are always enjoyable and have no precise direction: from the foundation of the State of Israel they jump to family subjects, and then to a discussion on the political situation in Egypt, or how the film they want to shoot together should be. Also, Mograbi intersperses three love letters between an Arab woman and a Jewish man read by the actress Hiam Abbas with contemporary stock material of the streets in Beirut. The reasonable humanism of this film could seem naïve; but cynical and radical characters can take a ride —this is the only political way towards an alternative future.

Roger Koza / Copyleft 2013

CINECLUBES DE CÓRDOBA (07): CINE PARA ADULTOS

Lunes, julio 8th, 2013
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En otro país

Por Roger Koza

Esta semana, los cineclubes de Córdoba reivindican el cine para adultos: solamente en esas salas el cine podrá asociarse con un placer adulto, ya que al festín adolescente anual se le suman ahora las películas para niños en vacaciones. Gran semana: hay de todo y en la mayoría de los casos los títulos son extraordinarios, imperdibles.

Siete citas con el séptimo arte

1. En otro país (2012): vuelve a la cartelera la penúltima película del director coreano Hong Sang-soo, con el protagónico de Isabelle Huppert. Una historia sencilla: una mujer extranjera (siempre vinculada al cine) llega a una zona marítima de Corea del Sur e interactúa con algunas personas. La misma historia se contará tres veces, con los mismos personajes y algunas variaciones. El interés de Hong pasa como siempre por la incomunicación entre hombres y mujeres. Por cada repetición habrá una diferencia, un método de trabajo en el que se perfila, con gracia y amabilidad, una sabiduría ligeramente amarga aunque cómica sobre los límites de la interacción amorosa. Huppert está más bella que nunca y su trabajo es formidable, pero es Jun-Sang Yu, que interpreta al bañero, el que se lleva el corazón de la platea. (Del jueves 11 al domingo 14, en el Cine Teatro Córdoba, 27 de Abril 245)

2. Un cuento de cine (2005): la historia es breve, casi anecdótica: un joven estudiante de vacaciones recibe dinero de su hermano mayor y en vez de ir a pasear con él decide caminar solo. Se encontrará con una ex novia, e insólitamente deciden morir juntos. Después, Tongsu, un director de cine, sale de ver un filme de un amigo suyo al que se le dedica una retrospectiva, quizás porque está a punto de morir. Es posible que el relato esté inspirado en episodios de su vida, cree y confiesa. Tongsu conocerá a la actriz del filme, y la invitará a “repetir” una experiencia y a “visitar” locaciones de la película. Es en Un cuento de cine donde Hong empezó a utilizar el zoom como su modo preferencial de encuadrar en un mismo registro y denotar con el acercamiento repentino cambios en el discurso de sus intérpretes, evitando el característico plano-contraplano. La voz en off es otra novedad: como en sus películas posteriores, le corresponderá generalmente a un personaje masculino. El inesperado cierre funciona como una paradoja misteriosa y maldita a propósito de una confrontación impía entre quienes pueden vivir y no quieren y quienes quieren vivir y no pueden, insensatez de esa criatura denominada hombre. (Miércoles 10, a las 20.30hs, en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 49)

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Van Gogh

3. Van Gogh (1991): en contra de todos los pronósticos, los últimos dos meses de la vida de Van Gogh, en esta revisión magistral del director de Bajo el sol de Satán, poco tienen de tormentosos y sombríos, sobre todo si se la compara con los famosos filmes de Minnelli y Altman. Quienes esperen ver al artista más universal de Holanda trabajar en sus pinturas se sentirán decepcionados, excepto si pueden detectar en la puesta en escena de Pialat un gesto cercano a la pintura. Jacques Dutronc como Van Gogh es menos expresivo que Kirk Douglas y menos “expresionista” que Tim Roth, pero su actuación evita la histeria exhibicionista de la demencia, lo que implica menos seducción y un riesgo dramático mayor. (Jueves 11, a las 20.30hs, en el Cineclub La Quimera, Teatro La Luna, Pasaje Escuti 915)

4. La chica del sur (2012): vuelve a la cartelera la mejor película argentina estrenada en el 2013, segundo filme de José Luis García. El director de Cándido López retoma un viejo registro de un viaje (político y cultural) a fines de 1989 a Corea del Norte donde lo había impactado una mujer surcoreana que cruzó la frontera como símbolo del deseo de reunificación de las dos Coreas. Veinte años después, García intenta contactarla para saber qué pasó con su vida. El resultado trasciende la curiosidad personal, pues el filme funciona como un ensayo lúcido y amable acerca del cambio de mentalidad en torno a lo político después de 1989, un año clave en la geopolítica mundial. (Del jueves 11 al domingo 14, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, Bv. San Juan 49)

También se podrán ver la simpática y misteriosa El gran simulador (Cineclub Municipal Hugo del Carril), el ambicioso western criollo Samurái (de hoy al miércoles en el Espacio INCAA de Ciudad de las Artes) y la mejor película del año: Tabú, del gran Miguel Gomes (Cine Teatro Córdoba).

Esta nota fue publicada por el diario La voz del interior en el mes de julio 2013

Roger Koza / Copyleft 2013

CRÍTICAS BREVES (19)

Lunes, julio 8th, 2013

**** Obra maestra ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

phpThumb_generated_thumbnailjpgLocamente enamoradas / Smoorverliefd, Hilde Van Mieghem. Bélgica, 2010 (°)

Por  Roger Koza

El cine ha sido cosa de machos. De a poco algunas mujeres filman, y cada vez son más. ¿Existe una sensibilidad femenina expresada en un plano, detectable en una imagen? Tesis: antes del feminismo existe lo femenino, y como tal, sea una naturaleza o una construcción histórica, podría tener una expresión cinematográfica distintiva. ¿Cómo filman las mujeres el deseo, la ira, la ternura, el desprecio? No será justamente Locamente enamoradas la respuesta, aun cuando las cuatro mujeres del relato, entre desordenado y veloz, son bellas y magnéticas, desprejuiciadas en cierta medida y dispuestas a responder a sus deseos. Madre, hermana, hija e hija adoptiva, que viven todas juntas en un departamento, podrán aspirar a una autonomía profesional, pero todas esperan, más o menos conscientemente, encontrar en algún hombre algo más que un compañero. El amor romántico alcanza aquí su apoteosis acrítica, y los hombres, tal vez un poco menos elementales, siguen teniendo el rol casi metafísico de dar sentido a la vida femenina. ¿No es justamente lo que sucede con la errancia erótica que experimenta Judith Miller, la famosa actriz que busca a el hombre entre los hombres? Como sea, Judith intenta con un poeta, con un director de cine, y coquetea, entre la nostalgia y la ternura, con su ex. Una de sus hijas todavía libra la batalla previa a todo erotismo: destituir el Edipo. La más chica, recién en la adolescencia, espera por el primer beso y practica con un póster de Rimbaud. Barbara, la hermana de Judith, oscila entre el mandato de la maternidad y el descubrimiento (adúltero) del orgasmo. El éxtasis genital es aquí el gran bien supremo, una emancipación demasiado fisiológica para cuatro mujeres que no dejan de ligar su felicidad a la presencia de un hombre. ¿Y qué decir, estrictamente, del cine? Dividir el plano en tres cada tanto para resolver una escena, acelerar y rebobinar algunas secuencias, ilustrar algunas fantasías, incluir una voz en off antojadiza, musicalizar en exceso: así Hilde Van Mieghem pone en movimiento su ginocracia de utilería, solamente interceptada por alguna mueca o gesto de auténtico desamparo en el rostro de Veerle Dobbelaere (Judith), que poco tiene que ver con esta Sex and the City a la europea. En este paradigma las mujeres sólo pueden aspirar a una sumisión muy bien maquillada.

Roger Koza / Copyleft 2013

LA COLUMNA DE JORGE GARCÍA (22): VINCENTE MINNELLI: LA MARCA DE UN ESTILO

Sábado, julio 6th, 2013
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Vincente Minnelli

Por Jorge García

Curioso destino el de Vincente Minnelli, un realizador que provocó controversias entre los normalmente homogéneos críticos cahieristas (Godard no tuvo empacho en El desprecio en hacer que su protagonista entrara a la bañadera con el sombrero puesto, como homenaje al Dean Martin de Dios sabe cuanto amé, mientras que Truffaut no vaciló en calificarlo como un esclavo de Hollywood). Y Orson Welles en una célebre entrevista, ante la pregunta acerca de que opinaba de Minnelli respondió socarronamente: “Seamos serios, estamos hablando de cine”. Sin embargo, así como hay directores que a lo largo de su carrera desarrollan sus ideas de manera consecuente sin ningún componente visual que los identifique, hay otros que logran expresarlas a través de un estilo constante, que los convierte en auténticos autores cinematográficos y este es el caso de Vincente Minnelli. Nacido en 1913, de padres europeos dedicados al teatro, desde muy niño mostró su vocación en ese terreno, integrando una compañía infantil. Ya adolescente, abandonó sus estudios para iniciarse como diseñador de decorados teatrales, dirigiendo a partir de 1935 en Broadway varias exitosas comedias musicales, lo que provocó que el productor Arthur Freed lo convocara para trabajar en la Metro Goldwyn-Mayer, donde desarrollará prácticamente toda su carrera, primero como asistente en diversos rubros, debutando como director en 1942 con Una cabaña en las nubes, un musical con reparto de actores mayoritariamente negros. A lo largo de 43 años y más de 30 películas, concretará en esa compañía una de las carreras más personales del cine norteamericano. Hay en esa filmografía una temática que la recorre como un hilo conductor: el esfuerzo de sus protagonistas por conciliar los sueños personales con la realidad. Cuando ese conflicto no logra resolverse, puede llevar a la autodestrucción, como en Sed de vivir, ese notable biopic sobre Vincent Van Gogh y cuando se trata de darle curso de manera forzada, la visión edulcorada y la inverosimilitud irrumpen (La rebelde debutante). Pero en la mayoría de los casos, la tensión entre esos dos elementos da lugar a un profundo proceso de autoconocimiento y aprendizaje, que colocará a sus personajes en mejores condiciones para enfrentar la realidad, aun pagando altos costos. Minnelli desarrollará esa temática, principalmente, a través de tres géneros.

1) Los musicales, visualmente muy barrocos, con una imaginativa utilización del color y los decorados  y en los cuales, sobre todo en los de la primera etapa, los sueños  se integran sin mayor conflicto en la vida real (El pirata), si bien pronto aparecerán algunos nubarrones que cuestionarán esa idea en dos títulos del género sorprendentemente deprimentes, como Un americano en Paris y Brindis al amor.

2) las comedias, género en el que no se incluye a Minnelli cuando se habla de sus grandes exponentes, a pesar de haber realizado en ese terreno notables películas, como El padre de la novia y Designios de mujer. El tono narrativo generalmente es más clásico que en los musicales, lo que no le impide incluir una secuencia casi surrealista, como la pesadilla de Spencer Tracy, en la citada El padre de la novia.

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Dios sabe cuánto amé

3) los melodramas, especialmente los de su etapa de madurez, tal vez sus film más personales, progresivamente pesimistas y en los que se percibe la constatación dolorosa de la imposibilidad de confrontar una visión propia del mundo con la necesidad de vivir en él sin salir deteriorado en el intento. Es ese desasosiego el que recorre esa maravillosa película que es Dios sabe cuánto amé, auténtico tratado sobre la desilusión. No casualmente, dos de los mejores melodramas de Minnelli, Cautivos del mal y Dos semanas en otra ciudad, se relacionan con Hollywood, referente indispensable cuando se habla de sueños triturados.

Por cierto que, como en todo gran director, ninguno de estos géneros se manifiesta en estado puro y así es que podemos considerar a Gigi como un drama con canciones, la secuencia final de Designios de mujer reúne varios géneros y algunos momentos de sus melodramas tienen una puesta en escena que los acercan al musical. Pero decía antes que lo que caracteriza a Minnelli era la representación visual de esos conflictos, que no pasa únicamente por el refinamiento y el buen gusto que le han endilgado algunos críticos. Es que aparte de su apego a elementos de la cultura europea como la tradición pictórica y el surrealismo, hay en sus películas una confrontación permanente entre realidad e irrealidad. ¿Qué es más irreal en Brigadoon, ese pueblito perdido en el tiempo y las montañas o los planos de Nueva York que nos ofrece el director al comienzo de la película? Además, en sus films existe un infrecuente uso dramático del color y una utilización de los decorados -tanto para definir a sus personajes como para representar sus sueños- que no tiene parangón en la historia del cine. Es así que en Pasiones sin freno, un cortinado adquiere un papel casi protagónico, siendo desencadenante de los enfrentamientos entre varios personajes. También se le ha cuestionado a Minnelli ser un cineasta demasiado “burgués” alejado de cualquier connotación social y/o política. Sin embargo pocos directores mostraron su agudeza para describir la vida cotidiana de la clase media norteamericana a principios de los 50 como ocurre en El padre de la novia y existen pocos films que cuestionen “el sueño americano” con la lucidez con que Minnelli lo hace en Dios sabe cuánto amé. Cineasta creador de un universo propio, aunque su influencia se percibe en cineastas como Stanley Donen, Richard Quine, Blake Edwards y Jacques Demy, sus películas requieren una permanente revisión, con la certeza de que siempre se encontrarán en ellas elementos novedosos (personalmente, me gustaría hoy poder volver a ver Nina, su última y generalmente despreciado film).

(Versión modificada de una nota escrita en la revista El Amante en mayo de 1994)

Jorge García / Copyleft 2013

FICIC (08): UN PLANO ABIERTO

Viernes, julio 5th, 2013
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Fango

Por Fernando Pujato

Pasó la tercera edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín y se viene la cuarta -al menos sus máximos responsables ya están pensando en ella- que, seguramente será mejor que la anterior, como ésta lo fue con respecto a la segunda y ésta a la primera, lo cual habla a las claras de un crecimiento y una consolidación, en el sentido valorativo y temporal de ambos términos; esta pequeña historia de tres años amerita el riesgo de pensar que lo que viene es ya un presente con porvenir. Pasó, sí, ¿pero qué pasó?, nada menos que Tabú, ese film amoroso sobre el cine con sus adorables criaturas, nada menos que Fango, ese film inscripto en la tradición del cine con sus terrenales criaturas; pasó también La sensibilidad, ese film anclado en la memoria de las subjetividades públicas de dos clases sociales diferentes, y pasaron muchos otros. Resulta complicado continuar citando los films que se adueñaron, por unos días, de la fantástica imaginación que aún poseemos como especie pese a (muchos de) los estrenos de los jueves. Dejar afuera casi todos y mencionar sólo estos tres -el que se ganó el corazón de todos y los dos ganadores de las competencia de ficción y documental-  no significa nada más que una muestra, el iceberg que asoma por entre aquello que, quizá, fue lo más distintivo de este festival: un cine sensible y honesto, que no homenajea su historia sino que la reconvierte, que no utiliza la narrativa como un línea recta sino que sugiere meandros, que intenta comprenderse generacionalmente a través de un desvío transgeneracional, un cine que explora las distancias culturales, las clases sociales, los géneros identitarios; un cine inquieto.

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Germán Scelso (La sensibilidad)

Y por fuera de los films, aunque en una consonancia no tanto azarosa sino más bien como una extensión de lo que ocurría en la pantalla, pasaron muchas cosas también. Se dictaron talleres y cursos, charlas y conferencias, o como quiera que se les llame a estas actividades con tan poca rigidez institucional, tan por fuera de la escolaridad. Se pudo disfrutar de un programa de radio sobre la marcha del festival, y también sufrirlo, uno de los conductores fue el que suscribe. Se filmó un película acerca de todo esto y acerca de algo más también, que posiblemente veremos, y juzgaremos sin concesiones de ningún tipo como siempre debe, debería ser. Los jurados estuvieron impecables e implacables y nadie les fue a golpear la puerta para sugerirles que tal o cual film es mejor que tal o cual film -pero sí les sirvieron café. Y algunos medios televisivos, radiales, y escritos -y no siempre periodísticos- cayeron en la cuenta que por fuera de los grandes e importantes festivales del cine del país, un pequeño festival del interior del interior de este país tiene algunas cosas interesantes por ofrecer. Un poco como en el cine, no hay grandes o pequeñas películas, hay películas, y sólo hay que ver cómo nos muestran aquello que quieren mostrarnos;  como dice mi amigo y crítico de cine, José Fuentes Navarro, todas nacen iguales.

Siempre hay algo que mejorar en un festival de cine, cosas por cambiar, desafíos que afrontar y riesgos que asumir; todo puede salir tan bien como uno se lo imaginaba o algo no del todo bien como uno lo deseaba; no hay que conformarse con esto ni con aquello; no hay que conformarse nunca. Tal vez ese no cesaremos en la exploración… de Elliot debería ser no sólo un horizonte vivencial sino también el de un festival de cine, que al fin y al cabo, es más o menos una muestra de un estado del mundo, como lo son sus películas. Pasó el FICIC, hay un horizonte posible.

(Serie concluida)

Fernando Pujato / Copyleft 2013

SHORT REVIEWS (03): VIDA EN SOMBRAS / LIFE IN SHADOWS

Jueves, julio 4th, 2013

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By Roger Koza

Though festivals have the obligation to program new pictures, sometimes they also include secret movies, out-of-time titles, or simply perennial films such as Vida en sombras, the only feature by Lorenzo Llobet- Gràcia, starring the great Fernando Fernán Gómez (who due to dramatic reasons physically channels Laurence Oliver). This is one of those few films which reveal the true sense of film loving —life and cinema overlapping as in Close Up, Innisfree, or La vida útil.

Vida en sombras opens with a travelling shot that is coded —the moving image displacing the stillness of photography. In is not by chance that this first scene implies the clashing of two different times in image. What comes after is a “cinematograph” screening at a fair in the early 20th century. There, at the middle of the show, a child will be born. His name will be Carlos and his life will be marked by cinema. A film lover as a child, as an adult he will write about it and will even shoot some. Unfortunately, at a certain point life and cinema will clash, but Carlos will solve this opposition while watching Hitchcock’s Rebecca. A paral- lelism between Carlos’ life and the history of cinema is constant; Carlos is a child of cinema, so writing and filming are much more than a craft or a profession, they are part of a bizarre compulsion to watch the world in order to be able to live in it.

Llobet-Gràcia’s perception and depth of vision on cinema are clear; this film outlines an early stage of the famous policy of film auteurs and captures the historical and political progress of cinema, it helps us discover the world, and materially invokes the spirits of those whom we have loved.

Roger Koza / Copyleft 2013

LA REPETICIÓN VIRTUOSA

Miércoles, julio 3rd, 2013
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El día de la marmota

Por Roger Koza

La repetición es un concepto fundamentalmente moderno y filosófico; más tarde, en el  siglo XX fue también psicoanalítico. ¿Por qué hablar de la repetición? Hay un libro bellísimo, un libro entre varios libros acerca del tema, libro misterioso y poco leído, de esos libros que al leerlo uno siente literalmente que ya no sólo está apasionado por alguna reveladora asociación de un concepto respecto de otro (la repetición con la diferencia, por ejemplo) sino por experimentar en plena lectura una prueba de que el pensamiento hace piruetas en el propio cerebro. El libro al que me refiero se llama La repetición, de Søren Kierkegaard. Hay otros títulos, quizás el más exigente en la materia sea ese viaje cerebral conocido como Diferencia y repetición, de Gilles Deleuze, cuyos niveles de abstracción podrán desorientar a cualquier lector, porque de lo que se habla ahí es esencialmente tan concreto y palpable.

Insisto, me repito, nunca más pertinente que hoy: ¿por qué hablar sobre la repetición? En principio porque la buena educación exige repetición, es su condición de posibilidad. El músico, un guitarrista acaso, tiene que insistir, invertir tiempo, practicar sus escalas cromáticas o lidias, repasarlas hasta convertirlas en una reserva musical para su aplicación concreta. El intérprete teatral repite el texto hasta conseguir su mecanización inconsciente: sólo cuando sus parlamentos pierden su fijación en el texto escrito se convierte el texto en el flujo discursivo de su consciencia y entonces nace el personaje y su comportamiento. Es decir, el texto se naturaliza en la repetición. Las tablas de multiplicar también se aprenden repitiendo, y los ejemplos son vastos. Repeat after me dicen siempre los profesores de inglés. Una aclaración pertinente: la repetición no consiste jamás en repetir como un loro. El loro más que repetir una sola palabra hasta el infinito, una palabra que no entiende, emite un vocablo de tal modo que en la falsa repetición de una palabra cualquiera solamente consigue alcanzar el estadio mínimo y negativo de la repetición. En nuestra experiencia eso se llama monotonía y el estado psicológico que provoca es aburrimiento, la impotencia de la inteligencia.

Como sucede en otros órdenes del saber respecto de la repetición, en el cine también resulta fundamental. Por cada escena a filmar se repiten las tomas. En ocasiones se repiten en búsqueda de la mejor. Un beso, un gesto de desprecio, una sonrisa varían, y es sólo en la repetición que se puede detectar la dimensión exacta de lo que un buen cineasta intenta capturar con una secuencia. La misma película, posteriormente, se repite en el cine, vive, literalmente, en su repetición. La función se repite a las 14hs, 16hs, 18hs, etc, así lo decimos. Hay otras formas de repetición en el cine. El caso más obsesivo es el de Gus van Sant y su remake delirante de Psicosis, de Alfred Hitchcock. Allí repetía plano tras plano: se trataba de copiar al maestro, quizás albergando una idea extraña: repitiéndolo todo igual podría surgir algo distinto. Tesis: repetir es siempre buscar una diferencia, producir un pasaje y una experiencia final que no estaba en las condiciones iniciales de la repetición.

En el cine la repetición ha sido materia de relatos. Hay películas más o menos conocidas. Desde las tareas domésticas de Daniel San en Karate Kid (1984) que mientras pinta aprende un arte marcial sin saberlo a la moraleja central de El sacrificio (1986), de Andrei Tarkovski, en el que sólo la repetición de un acto durante todos los días de una vida y a una misma hora puede alterar el orden del mundo, el concepto de repetición se filma para establecer la importancia de un acto que determinará el resto de los actos.

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El día de la marmota

La gran película sobre la repetición, no podría ser de otro modo, es una comedia. El humor en el cine, de hecho, nació de la repetición. Es en donde el gag  se apoya y funciona. Pero, ¿cuál es la película? Obra maestra indiscutible en el género y en la materia, El día de la marmota (1993), también conocida como Hechizo de tiempo, es la película que mejor adopta y aplica el concepto de repetición en múltiples formas hasta conquistar una clarividencia absoluta. Los espectadores y el personaje del film, Phil Connors, interpretado por el genio de Bill Murray, atraviesan la repetición y en ese tránsito descubren el sentido de la misma: un aprendizaje total, un cambio de cualidad en el orden y organización de la experiencia.

La película de Harold Remis se estrenaba 20 años atrás en Argentina. Pasó desapercibida en el momento de su estreno. En Córdoba, por ejemplo, duró una semana. Pero después de un tiempo se convirtió en un film de culto, uno de los más alquilados en los videoclubes y uno de los más programados en los canales de cable. Extraña dispositivo el de la película: se la puede ver en reiteradas ocasiones y no obstante nunca cansa. Su propio tema es su propio secreto. ¿Cuál es su hechizo? ¿En qué reside su genialidad?

Phil Connors es el reportero estrella del canal 9 de televisión de Pittsburgh en materia del tiempo y su pronóstico; una estrella menor del canal, pero lo suficiente para que su narcisismo infinito le lleve a percibirse como una verdadera celebridad de los medios. Cubrir el famoso festival de “el día de la marmota”, que se celebra en un pueblo llamado Punxsutawney, es humillante. ¿Cómo tomar en serio el comportamiento de una marmota que funciona como oráculo climatológico? Una tradición ridícula, infantil, demasiado popular para un hombre que se siente tan importante como el sistema solar. Acompañado por un camarógrafo y la productora de su programa, Rita (la bellísima Andie MacDowell), Phil, quien siente que esta excursión periodística les es impropia para su estatus, no puede sentir otra cosa que apuro por filmar, hacer el reporte y regresar a su ciudad. Pero como es sabido una tormenta de nieve le impedirá regresar a todo el equipo y tendrán que quedarse a dormir en el pueblo de la marmota. En la mañana, Phil se despertará escuchando la misma música del día anterior y los comentaristas radiales dirán exactamente lo mismo. “Debe ser una grabación”, pensará, pero de a poco irá descubriendo que todo lo que ocurrió ayer ocurre de nuevo. En efecto, es el mismo día y los mismos acontecimientos: los movimientos de la gente, los actos, los accidentes, las conversaciones, todo se repite.

En un principio, Phil experimenta desesperación y sorpresa. Tal vez es un sueño dentro de un sueño y al despertar habrá sido sólo eso: la elaboración del inconsciente que en su producción onírica repite un día con ciertos actores de la vida anímica para que el sujeto que duerme interprete algo específico de su propia vida. Pero no. Está despierto y está atrapado en el mismo día, pase lo que pase, haga lo que haga;  y además sólo él es consciente de que así es.

Ramis trabajara magistralmente durante todo el film el concepto de repetición. El día se repite, los acontecimientos también. Bill intentará, en un principio, orientar el fenómeno existencial y temporal para su propio provecho: ver cómo enamorar a Rita, evitar ciertas situaciones incómodas (el encuentro obligado con un viejo compañero de escuela y la presencia de un pordiosero), dar rienda suelta a su apetito sexual y dietético, robar un camión de caudales; tras un par de días en el mismo día lo sabe todo, es omnisciente: los tiempos exactos de cada movimiento, lo que alguien dirá, el accidente que ocurrirá. Ya no sólo puede predecir el tiempo sino los tiempos de los otros. Pasado un tiempo dentro del tiempo, Phil caerá en un pozo depresivo. Los gags suicidas son absolutamente geniales, pero vencerá la “reencarnación” en ese día y volverá a sonar el reloj despertador y la música espantosa del programa de radio. Punxsutawney es un laboratorio maldito de la repetición, acaso un esquema simbólico que renueva la maldición de Sísifo.

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El día de la marmota

Todo será un infierno hasta que Phil entenderá la clave de todo, o mejor dicho, la salvaguarda de la repetición. Es el descubrimiento de una posibilidad vinculada al aprendizaje. No es otra cosa que el poder de todo sujeto de hacer suyo y deseado lo que en principio parece un simple mecanismo de sucesión de los eventos sin distinción alguna. Es el paso y el peso de la voluntad por la cual se empieza contrarrestar lo que sólo se da en algo que se quiere, y al quererlo, curiosamente, lo que sucede adquiere un sentido nuevo y propio.

Phil le asigna dos valencias a la repetición: primero es la condición formal del aprendizaje. En el film le dedicará tiempo a los idiomas, a la música, a la escultura y a la poesía; lo edificante de la naturaleza del aprendizaje necesita de la repetición (dimensión estética de la experiencia). Pero la repetición tendrá un segundo valor, lo que implica además una superación del narcisismo infantil del personaje: la repetición es la condición ética de un yo que necesita estar abierto a los otros. Se trata de una vía de reinvención del yo junto a otros, pues incorporar la inquietud de los otros es conjurar la repetición infinita del yo en su pobreza estructural como célula solitaria. Los otros siempre juegan un papel determinante en quiénes somos. Los otros son misteriosamente nuestra identidad. ¿No es el otro el que garantiza que uno no se repita hasta el hartazgo?

Lo genial del film de Remis es ver al genial Bill Murray aprendiendo junto a nosotros. Sólo así él y nosotros podemos alterar la ley de la repetición, la que se emparenta con la monotonía y propone un loop infinito sin variaciones en los patrones que organizan las vidas y las prácticas. Centrarse de un modo no narcisista en uno mismo es parte de la experiencia del aprendizaje, el buen aprendizaje. Y descentrarse en el encuentro con otros es el otro aprendizaje vital en la condena y milagro de la repetición. Para quien aprende y atiende los signos ajenos, y para quien no insiste en signos pretéritos, el paso a un nuevo día puede suceder en el acto de abrir y cerrar los ojos.

Este artículo fue publicado por la revista Quid en el mes de junio 2013

Roger Koza / Copyleft 2013

MONSTERS UNIVERSITY + GUERRA MUNDIAL Z / WAR WORLD Z

Martes, julio 2nd, 2013

LOS MONSTRUOS Y LA BUENA EDUCACIÓN

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Monsters Univeristy

Por Santiago González Cragnolino 

Una de las grandes apuestas de la cartelera invernal es la última película del estudio Pixar: Monster University. En MU vemos a los protagonistas de Monster Inc. (2001), los queridos Sully y Wazowski, cómo dos jóvenes estudiantes. Son aspirantes a “asustadores” profesionales, un trabajo de élite en el mundo de los monstruos. El relato comienza ahí y como en las mejores películas de Pixar se trata de la puesta en pantalla de un mundo infinitamente imaginativo y de una historia de reconocimiento de un Otro. Alguien (u otra cosa: el universo de Pixar está compuesto de bichos, juguetes, robots, autos) irrumpe en la vida de un personaje para enfrentarlo con lo ajeno, lo diferente. El desenlace siempre muestra un aprendizaje de la diferencia, la aceptación de esa diversidad y la amistad como síntesis-lazo creado entre los protagonistas (sean de la especie que sean) luego de su enfrentamiento-convivencia.

Hasta este punto está claro que las películas del Estudio son en parte inevitablemente pedagógicas: la educación sentimental es algo así como una condición ineludible para los creativos detrás de los films de Pixar y las historias que cuentan. Pero hay que estar atentos: las películas que llevan este sello no son “películas de mensaje”, o por lo menos es lo que menos importa.

La verdadera lección que da la Universidad de los monstruos es la de las recompensas que tiene observar. Un plano cualquiera de Monster University está tan plagado de detalles y de chistes ocultos que impresiona: lo que se puede sacar en limpio es cómo explorar con la mirada tiene su retribución. El diseño siempre desborda imaginación y la pantalla está poblada de colores y gags listos para ser descubiertos, sumado a los que se ponen en primer término. La paleta de colores chillona de Monster University, el constante movimiento de personajes y objetos genera una suerte de caleidoscopio figurativo. Un hermoso ejercicio en el acto de mirar, MU sobresale entre las propuestas Made in Hollywood para esta temporada.

Monsters University, Dan Scanion, EE.UU., 2013

Guerra Mundial Z / War World Z, Marc Foster, EE.UU., 2013

Para los escépticos que descreen que Monster University es una cosa seria, basta comparar con otro megatanque que viene a ocupar cines: Guerra Mundial Z o la aventura semi mesiánica de Brad Pitt. La película dirigida por Marc Foster, en la que tuvo gran incidencia Pitt en su papel de productor, es una entretenida película de género con algunas escenas logradas, pero no es precisamente un dechado de virtudes; es más, es un juego fácil hacer un listado de sus fallidos.

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Guerra mundial Z

Los problemas graves no pasan por los yerros argumentales o la dificultad que tiene Foster para filmar escenas de acción inteligibles. Para empezar Guerra Mundial Z sí es una “película de mensaje”. Los zombis son una metáfora, claro, y se usan imágenes reales de catástrofes para reforzar la idea de que el mundo está mal. El mundo está mal pero la voz en off de Brad nos tranquiliza y nos alienta a seguir luchando: “Esto recién empieza, pero mientras haya esperanza todo es posible”. Lo raro, lo realmente curioso es que nunca se indaga en ese malestar. Brad Pitt invierte millones y millones para traernos su mensaje, pero en ningún momento se para a pensar las causas de esos males. Por su puesto no se le exige una respuesta definitiva, pero no existe ni siquiera la sombra de una inquietud por plantearse porque las cosas son como son. ¿Es un gesto puramente cínico? De otro modo, la inocencia del bueno de Brad linda con la estupidez.

Pero vayamos más allá: no sabemos bien qué es el cine, no lo hemos podido dilucidar todavía por suerte, pero seguro que no es un dispositivo creado para transmitir mensajes. Se puede dejar esa tarea a quienes confeccionan tarjetas conmemorativas o a los creadores de aforismos profesionales. El cine tiene más que ver con ponerse en una situación en la que la exposición a imágenes y sonidos se transforma en experiencia, en sentimiento, en un conocimiento particular del mundo que no se puede traducir con precisión en un puñado de palabras. La experiencia cinematográfica es específica, necesaria tal vez.

Y en este punto aparece el problema más grave de Guerra Mundial Z: la relación con la imagen es casi opuesta a la que propone Monster University. Si la película de Pixar está hecha para ser explorada, la de Foster/Pitt está hecha para ser admirada: la imagen en GMZ es monumental. Son bloques, impresionantes en su severidad, impactantes en su pericia técnica, pero desprovistos de detalles que estimulen todo lo que pone en juego un espectador a la hora de ver una película.

Algo que puede ser leído como sintomático es que en las escenas intimistas del film no existe la profundidad de campo: lo único que está en foco son los personajes que dialogan. Nuestra atención sólo puede estar puesta ahí y no se ofrece ninguna alternativa más que seguir esos diálogos y esa historia que finalmente nos explicará que pasan cosas feas y graves en el planeta.

Sin tantas pretensiones y con un manejo infinitamente superior del lenguaje cinematográfico, Pixar como contrapropuesta involuntaria (o no) nos ofrece una película que trabaja conjuntamente con el espectador, que estimula la mirada y pone en juego su inteligencia para poner en práctica el ejercicio liberador que muchas veces puede ser ver cine.

Copyleft 2013 / Santiago González Cragnolino

CINECLUBES DE CÓRDÓBA (06): EXTRAÑA COINCIDENCIA

Lunes, julio 1st, 2013
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Bernie

Por Roger Koza

La distancia que suele existir entre el cine que se estrena y el que se ve en cineclubes o salas alternativas es a veces apabullante. ¿Estamos hablando de lo mismo? ¿Qué tienen en común El hombre de acero y Tabú? Sin embargo, por un par de días, varios directores que están en cartelera estarán en ambos mundos. Además, en los cines sin pochoclo vuelven algunos clásicos de todos los tiempos.

Antes de rodar en Grecia la extraordinaria Antes de la medianoche, el gran Richard Linklater, siempre impredecible pero jamás incoherente, hizo una película rarísima llamada Bernie (2011). El territorio simbólico es el de los Coen y David Lynch: la locura (y violencia) americana, pero Linklater ni es cínico y sádico como los Coen ni magníficamente perverso como el director de Imperio, lo que no implica que renuncie a la lucidez. ¿Quién es Bernie Tiede? En el filme, Jack Black, y en la vida real una especie de embalsamador y especialista en ritos funerarios.

El comienzo de Bernie no podría ser mejor: el especialista embellece a un cadáver y los estudiantes observan los procedimientos como si se tratara de una clase de cocina. De ahí en adelante, Linklater propone un falso documental sobre este personaje en el que miembros de la comunidad de Carthage (algunos actores, otros gente real), un pueblo de Texas, reconstruyen la historia de Bernie, amado como pocos por su benevolencia infinita, aunque en la actualidad cumpla una pena máxima en una penitenciaria estatal: cadena perpetua por homicidio calificado. ¿Es Bernie un monstruo? Linklater está más interesado en la psicología colectiva, y su película funciona como un test amable pero cabal del delirio americano. Como en la magnífica Los Newton Boys (1998), cuando empiezan los créditos se puede ver al verdadero Bernie charlando con Black. Lo real es aquí más poderoso que la ficción, y la historia de Bernie es insólitamente inimaginable. (Viernes 5, a las 20.30hs, en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020)

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El viajero

El viajero (1974), el primer largometraje de Abbas Kiarostami, contiene, potencialmente, la totalidad de su cine y, como suele ocurrir con las operas primas de los grandes maestros, se trata de una obra maestra. Como en los cortometrajes anteriores a El viajero, los protagonistas son los niños, aunque no se trata en este caso de un film con fines pedagógicos. La historia: un niño obsesionado por ir a Teherán a ver un partido de fútbol empieza a juntar dinero como puede. Tiene que escabullirse del control de su familia y el colegio. En un pasaje bellísimo, el niño oficia de fotógrafo escolar con una cámara que no funciona. Por cada foto posa un alumno de la escuela, incluso algunas madres. De algún modo, Kiarostami destituye la inocencia para convertirla en expresión poética. En otras palabras, determinados eventos ordinarios son trastocados para elevarlos a un contexto extraordinario. Como ocurriría tres décadas después con Offside, de Jafar Panahi, discípulo de Kiarostami, el fútbol y el deseo de un niño por entrar a la cancha funcionan indirectamente como un espejo en el que se reflejan la incompatibilidad e inconmensurabilidad entre el mundo adulto y el de la niñez. La cámara, como en ¿En dónde está la casa de mi amigo?, se mantiene irrestrictamente a la altura del niño que sostiene el relato. Es una perspectiva, una premisa ética y estética. Y también un análisis político: la niñez no es una institución, es más bien una forma que se institucionaliza. En el estadio tiene que esperar unas horas hasta que comience el partido que tanto espera. Explora la cancha y sus alrededores. Observa nadar a otros niños en una pileta del club y decide dormir una siesta. Todo esto no sólo sirve para que Kiarostami introduzca dos secuencias oníricas en las que se pueden ver las posibles puniciones que le esperan al niño, sino también para determinar el cruce entre el deseo y la ley en un orden social específico. Tan magistral es esta pieza temprana que tiene la delicadeza de ocultar su perfección. (Miércoles 3, a las 20.30hs, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, Bv. San Juan 49)

Zhao Tao, la gran actriz china y musa del gran Jia Zhang-ke, es la protagonista de este filme discreto pero conmovedor en sus propios términos, aquí bautizado con el espantoso nombre de La esperanza de una nueva vida (2011), donde Zhao es una inmigrante china que trabaja en una fábrica italiana con la esperanza de poder traer algún día a su hijo pequeño, que vive en China. En algún momento la transfieren a Venecia, donde empezará a trabajar en un café y conocerá a Bepi, también inmigrante pero de Europa del Este, que vive hace tiempo en Italia y al que todos llaman el poeta. Filme intimista, de gestos y detalles: la Venecia que descubre aquí Andrea Segre poco tiene que ver con la postal turística, y la potencial historia de amor tampoco responde a los imperativos narrativos de la época. (Del jueves 4 al domingo 7, en Cine Teatro Córdoba, 27 de abril 275).

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Mogambo

En la legendaria sección “Pasión de los fuertes”, los sábados a la tarde, Alejandro Cozza arranca un ciclo dedicado a África con la sensacional Mogambo (1953) de John Ford. Esta revisión de Tierra de pasión (1932) vuelve a tener como protagonista a Clark Gable, un cazador que vive en África y que a pesar de ser un solitario se sentirá atraído por dos mujeres que por diversos motivos aparecen en su vida. Ava Gardner y Grace Kelly son las mujeres en cuestión, y la inteligencia de Ford no reside solamente en examinar la dinámica de las pasiones amorosas sino en trabajarlas en un contraste directo con otro universo simbólico, vinculado a la naturaleza y la cultura africana. (En el Cineclub Municipal Hugo del Carril, Bv. San Juan 49, a las 19.30hs)

La noche del señor Lazarescu, segunda película de Cristi Puiu, sigue las peripecias burocráticas que tiene que padecer un jubilado que siente un fuerte dolor de estómago y llama al servicio de ambulancias, que demorará 45 minutos (reales). El mejor cineasta rumano de la actualidad devela en esta elegía pesimista la burocracia ya no como un padecimiento institucional y un virus estatal sino como un poder, una forma de vida que escribe la historia del cuerpo. Película extraordinaria. (Jueves 4, a las 20.30hs, en el Cineclub La Quimera, Teatro La Luna, Pasaje Escuti 915)

Esta nota fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior en el mes de julio 2013

Roger Koza / Copyleft 2013

LO QUE PASÓ Y LO QUE VIENE (01): DE JUNIO A JULIO 2013

Lunes, julio 1st, 2013
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Waking Life

Estimados:

El arduo trabajo de empezar una suerte de “biblioteca” dentro del blog llevará un tiempo. Mientras tanto he tomado la decisión de hacer una memoria mensual con todo lo que se ha publicado en el mes para que los lectores del blog puedan (re)encontrar(se con) el material publicado. La organización es simple: por categorías y autores de las notas. Espero que sirva. También utilizaré este espacio mensual para avanzar respecto de qué viene, en esta caso, las publicaciones de julio. (Roger Koza)

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LO QUE PASÓ: JUNIO 2013 

Autores de las notas: Marcela Gamberini (MG), Jorge García (JG), Santiago González Crognalino (SGC), Roger Koza (RK), Fernando Pujato (FP)

Aforismos Visuales:

La envidia de los otros: ver aquí

Godard y las parejas: ver aquí

Cineclubes:

Notas sobre Villegas+Tabú+Profesor Lazar: leer aquí (RK)

Notas sobre Muerte por ahorcamiento+Sordoceguera+Hoy Motors+Moreno: leer aquí. (RK)

Notas sobre Orí+Ongamira+Dead Man+Las líneas de Welligton+Las flores del cerezo: leer aquí (RK)

Notas sobre Cornelia frente al espejo+Los pasos dobles+Terri+Max mon amour+La música callada: leer aquí (RK)

El cinematógrafo (tv):

Cannes 2013: ver aquí

Especial Hong Sangsoo: ver aquí. 

La columna de Jorge García

Sobre cuatro películas de Vincent Minnelli: leer aquí. 

Críticas:

La casa (G. Fontán): leer aquí (RK)

El cuaderno de barro (I. Lacuesta): leer aquí: (RK) -Las películas secretas-

Después de la Tierra (N. Shyamalan): leer aquí (SGC)

El director de bodas/ Il regista di matrimoni, (M. Bellocchio): leer aquí (RK)

El gran Gatsby (B. Lurhmann): leer aquí (RK)

Hielo / Ice (R. Kramer): leer aquí. (JR)

Leones (J. López): leer aquí. (RK)

Nada es lo que parece / Now you see me (L. Leterrier): leer aquí. (RK)

En otro país /Da-reun na-ra-e-seo: leer aquí. (RK)

Los posibles (S. Mitre): leer aquí. (RK)

Qué pasó ayer? Parte 3 / The Hangover Part III, (T. Phillips): leer aquí (RK)

Salsipuedes (M. Luque): leer aquí. (MG)

Samurái (G. Scheuer): leer aquí. (RK)

Sueño y silencio (J. Rosales): leer aquí. (RK)

El verdugo condenado / Blast of Silence, (Allen Baron): leer aquí. (JG) -Película secreta-

Ensayo:

En búsqueda del referente perdido: sobre fotografía y música: leer aquí (RK)

El tacto de las imágenes: de la mano de Eastwood y los Straub: leer aquí. (RK)

Sobre Raúl Perrone: leer aquí. (RK)

Universo Davies: leer aquí. (MG)

Entrevistas:

José Celestino Campusano / Fango: leer aquí. (RK)

Santiago Loza / La Paz: leer aquí (RK)

Joshua Oppenheimer / The Act of Killing (01): leer aquí. (RK)

Ezequiel Yanco / Los días: leer aquí: http: leer aquí (RK)

Festivales:

Festival Internacional de Cine de Cosquín:

A. Capturar la otredad: Sobre Los salvajes y Nosilatiaj, la belleza: leer aquí (FP)

B. Geografías y espacios: Night of silencio, Mi universo en minúsculas y Fango: leer aquí. (FP)

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LO QUE VIENE: JULIO 2013

Cineclubes: cinco entregas

El cinematógrafo TV: un diálogo con Jorge Denti; Juan Martín Guevara sobre las películas de su hermano, Especial Linklater.

Críticas: Bárbara, Monsters University, Antes de la medianoche, El llanero solitario, El hombre de acero y otros estrenos.

Entrevistas: Joshua Oppenheimmer: The Act of Killing (Segunda y tercera parte): Los jóvenes mediterráneos: un encuentro con el staff de la Revista Cinéfilo

Festivales: Transcinema

La columna de Jorge García: Vincent Minnelli (2)

Las políticas de los autores (nueva sección): Joao Canijo + entrevista.

Libros: Enrique Lacolla: Aportes para una teoría cinematográfica, de Juan Carlos Sara, Manual de supervivencia, Emmanuel Burdeau, Werner Herzog y Desconfiar de las imágenes, de Harun Farocki.

Nuevos directores (nueva sección): Ahmad Natche, Germán Scelso.

Short Reviews: Vida en sombras.

 Ojos Abiertos 2013